Nuestra Misión

Fundamentos

Los entrenadores y voluntarios del VRC comparten la idea de que el verdadero combustible que anima el proyecto es el amor. Lo que sigue es un documento en el cual se describen diversas estrategias para transmitir amor y seguridad a los chicos, y una serie de metas a alcanzar para todos los miembros de nuestro club.

Parte 1: El amor a los chicos y su felicidad

” La felicidad es estar satisfecho con uno mismo”.

Para ser feliz, un chico tiene que estar satisfecho consigo mismo, tiene que amarse, que gustarse. Pero ya sabemos  que no se puede amar lo que no se conoce, entonces tenemos que lograr que el chico se conozca a si mismo.

¿Como es ese proceso?

No es automático, ni biológico, sino una construcción social, ya que el chico nace sin un sentido del yo, que debe construir; empieza a hacerlo en el vínculo primario con la madre, y con todos los sucesivos intervinientes.

¿Como funciona?

Funciona como un espejo, un espejo psicológico, en el cual el chico va recibiendo un retrato de sí mismo de donde va formando su autoconocimiento.
Así, del buen vínculo, de la correspondencia cálida que le  brindemos todos los que tenemos contacto con él, surge el cimiento de la visión positiva de sí mismo. Se trata de nutrir de amor para la felicidad presente y futura, para lo cual no alcanza con amar, sino que es necesario DEMOSTRAR amor, para que se construya la autoestima (definida  como el sentirse digno de ser amado).

En pocas palabras, si el chico tiene en nosotros un espejo que le devuelve amor, que le devuelve una mirada y un gesto que le dice que es un ser valioso, así va a llenar el vaso del concepto de su persona, como alguien valioso, como alguien digno de ser amado.

Entonces nutrimos de amor a un niño cuando le demostramos que lo consideramos un ser único e irrepetible (PUEI) por el solo hecho de existir. Ahora pasamos al desafío de hacer que los chicos se sientan PUEI (personas únicas e irrepetibles).

¿Como se hace?

Se hace dándoles dos cosas:

1-verdaderos encuentros: significa atención concentrada, conectarse por completo, demostrarle que porque vale, nuestra dedicación está dirigida a su persona antes que a lo de alrededor, que el tiempo y espacio que le dedicamos está enfocado en él.

2- Seguridad psicológica, o confianza: la garantía que brinda está dada por seis aspectos entrelazados:

a) la seguridad de la sinceridad en el trato (incluyendo el reconocimiento de los propios errores, que libera, descarga).

b) la seguridad del no enjuiciamiento (nunca se juzga la persona, que está salvada siempre, sino sus acciones).

c) la seguridad de sentirse apreciado por lo exclusivo de su ser (nunca masificar, menos aún cosificar).

d) la seguridad que da el ser dueño de nuestros sentimientos (nunca uno es bueno o malo, culpable o inocente, por su sentimientos, ya que sobre lo que se debe actuar es sobre lo que se deriva de ese sentimiento, que es en sí mismo irreprochable).

e) la seguridad que da la empatía (que significa oír con el corazón, estar al lado, acompañando con amor).

f) la seguridad del crecimiento exclusivo (cada chico tiene derecho a vivir a su tiempo y manera su crecimiento, con sus saltos y regresiones, que, respetadas, alientan a ser dejadas atrás).

Parte 2: Los chicos y el rugby

El punto de partida ocurre a los 6 años, cuando llegan con su padre o madre de la mano, que sueltan con esfuerzo para agarrar la del entrenador. Es  cuando recién se están abriendo al mundo, cuando el rugby es tal vez la experiencia más fuerte de conocer gente nueva, gente que va a ser el espejo en el cual el chico se va a conocer a sí mismo.

Cinco Palabras

ESPEJOS: Los entrenadores somos espejos que devolvemos a los chicos una imagen de sí mismos. Todos sabemos lo determinantes que han sido algunas personas en nuestra infancia. Entonces tengamos presente que siempre le estamos devolviendo algo al chico en cada momento de contacto, y no olvidemos cuánto nos está observando, a veces sin darse cuenta. Algo muy recurrente en el rugby: la mala conducta de algunos chicos, los menos (que suelen  insumir la mayor parte del tiempo). Toda conducta es una reacción, y está demostrado que cuanto mayor es el mal comportamiento de un chico, mayor es la necesidad de amor, de aprobación, de reconocimiento.

NOMBRE: Todos sabemos cómo suena y resuena en nuestros oídos el  sonido de nuestro nombre. El mejor entrenador, tal vez, es el que más rápido se aprende todos los nombres de sus jugadores, dejando de lado sobrenombres no deseados, y fomentando que todos aprendan los lindos nombres de todos, para que todos seamos llamados por nuestro nombre la mayor cantidad de veces.

JUGADOR VALORADO: Por todo lo dicho, el segundo mejor entrenador, es el que más jugadas recuerda de la mayor cantidad de chicos. Todos sabemos cuánto aprecian los chicos si el entrenador se acuerda de sus jugadas, no por buenas, sino por propias. No  que no se trata de recordar sólo la buena jugada, el buen try, sino alguna jugada de cada chico, para que todos se lleven una observación de su entrenador (derecho al crecimiento exclusivo).

JUGADOR SUJETO: Nunca el jugador es un objeto al que hay que meterle información. Por el contrario, el desafío es que cada uno sea constructor de su aprendizaje.
El jugador debe ser inducido a que “descubra” lo que lleva adentro, a abrirse al mundo del juego. Debe también despertar su conciencia crítica, buscar la cosa dialogada que le despierte la sensación de ser protagonista. Digamos que el proceso de educación es de ADENTRO HACIA FUERA (no de arriba hacia abajo). Un espacio de construcción de su aprendizaje, donde todos respeten la opinión de todos, donde inclusive aparezcan otras personalidades que no se destaquen en la cancha, y sí lo hagan a la hora de expresarse oralmente. Que nunca nadie se sienta juzgado por su opinión, sino alentado a expresarse.

CLUB (VRC): Generar y fomentar el empoderamiento de los chicos mediante la apropiación de su club como lugar de pertenencia, con orgullo de pertenecer, a la vez que pertenecerle el club a ellos.

Es importante apuntar a que los chicos den el nivel a la hora del encuentro con otros clubes, tanto en lo que hace a calidad técnica, tanto en el manejo de los códigos como en la vestimenta. Que se encuentren con el otro en igualdad, con todo el orgullo por su origen, por su estilo, por su barrio inclusive, haciendo una clara distinción entre aquellos aspectos en los que debemos apuntar alto, y aquellos que no debemos esconder, sino valorar, de nuestra idiosincracia.

Parte 3: Metas

1- Muchos entrenadores y entrenadoras que “miren” a muchos chicos. Que nunca nadie se vaya sin ser “mirado”. Proponerse metas: ¿Un mes para saberme todos los nombres? ¿Ejercicios para ello? ¿En qué momento? ¿Recordar 5 jugadas cada uno? ¿Una jugada de cada chico? ¿Filmar? ¿Anotar?

2- Programar los entrenamientos, consensuar objetivos de cada práctica entre el equipo de coaching, aprovechando al máximo el tiempo disponible, utilizando el juego del rugby como herramienta de motivación (y no al revés).
Cada edad necesita de una ejercitación determinada, encadenada en el tiempo de las 500 horas que tiene la vida de un chico en rugby infantil, que definitivamente no es rugby en miniatura, sino un proceso donde se empieza, (6 años) por lo mas elemental e individual, relacionado con el manejo del propio cuerpo (con o sin pelota de rugby), y se llega, al final de las 500 horas (14 años) con la insinuación de los aspectos tácticos del juego colectivo.

3- Dedicar un espacio a la parte teórica, recordando que los días de partido esto no es tan fácil.

4- Programar el proceso de integración de los chicos nuevos, sabiendo que hay un mínimo de conocimiento necesario para no hacer traumática su entrada al mundo del rugby, y sabiendo también que dividir por niveles puede ser muy discriminador.
El desafío es que cada uno tenga su espacio de crecimiento, pero que todos nos ayudemos entre todos, los mas maduros con paciencia, y los menos maduros con entusiasmo y esperanza de avanzar conforme su ritmo, pero juntos.

5- Administrativo: Mejorar en el fichaje de los chicos, que nos permita tanto cubrir el área de secretaría del club (los socios son los jugadores que llegan vía cada división), como también un mejor vínculo  con ellos (foto identificatoria), y  una organización correcta de la premiación incentivadora (asistencia perfecta, mejor compañero, festejo de TODOS los cumpleaños, entre otros)

6- Operativo: Entre todos tenemos que poner en marcha el nuevo club. Vienen a jugar todos nuestros chicos, y ojalá que muchos chicos nuevos: tenemos que hacer de este club un lugar seguro, donde los padres dejen a sus chicos sabiendo que van a estar bien cuidados. Como es una experiencia nueva, tenemos que estar dispuestos a suplir nuestra inexperiencia con mucha acción, con mucha presencia  de todos nosotros. Muchos ojos que cuiden y protejan esto tan valioso.

Por último, una reflexión: cada uno de nosotros se conoce a sí mismo, y sabe que tiene un registro amplio de rendimiento.
Cada uno de nosotros puede recordar, seguramente, alguna gran acción, y también alguna mala acción de la que fue protagonista. Sepamos que si nos predisponemos bien, podemos poner en Virreyes al mejor de nosotros, y sumar ese bien al de todos los otros que con nosotros construyen el club.